jueves, 1 de junio de 2017

EL DOCTOR SUN, DISCÍPULO DE JUNG VI



Lo sé, lo sé, sé muy bien que el alcohol me sienta fatal, aunque el escocés es el licor menos malo entre todos los licores que conozco. El mueble-bar del doctorcito está repleto, luego dice que no bebe, que es solo para las visitas y los pacientes que necesitan un pequeño estímulo para romper a hablar. A mí no me engaña, él no sabe que le espío con mucha discreción y me consta que de vez en cuando se arrea un buen lingotazo, especialmente cuando está bajo de ánimo. También me consta que estos bajones anímicos se deben en buena parte a su condición de soltero y solo en la vida. Necesita una mujer a su lado, y no precisamente Rita la portera, una solterona amargada, como suelen llamarlas los machistas. Intento pensar en ella lo menos posible para evitar ataques empáticos. He dejado también de ironizar al respecto con el doctor Sun porque el pobre se pone muy malito, y yo más. Al principio de nuestra convivencia me gustaba mucho sacar el tema porque así podía empatizar con él, disfrutando de sus fantasías. Se le ponía tal cara de bobo que la empatía brotaba en mí sin tener que forzarla lo más mínimo. Confieso, aunque eso nunca se lo he dicho al doctorcito en ninguna sesión, que a veces me gusta empatizar con hombres que se están regodeando con fantasías eróticas, es una de las pocas cosas agradables de mi enfermedad y trato de sacarle provecho. No siempre estoy preparado para una empatía intensa, salvo que sufra uno de mis famosos ataques, y debo utilizar algunas técnicas que yo mismo he inventado, diseñado y perfeccionado para estos casos. Habitualmente la empatía me pilla por sorpresa y casi siempre me ocurre con los peores ejemplares de la especie humana que me rodean y en sus peores momentos. Ya es mala suerte, con la cantidad de cosas agradables que tiene la vida, que mi empatía se dirija a lo peor, a lo malsano. Como me dijo el doctorcito en una ocasión, la cabra tira al monte y a la cabra de la mente le gustan los abismos y precipicios. Según él era un dicho oriental, aunque yo creo que se inventa la mayoría de cosas que me dice, achacándolas a gurús o autoridades de toda laya, porque el pobre tiene la autoestima muy baja y eso me hace sufrir mucho cuando empatizo con él.

Lo dicho, que el alcohol me sienta muy mal, pero no puedo evitar arrearme lingotazos cuando me enfrento a situaciones muy emotivas, y la lectura de mi propia historia clínica es de las peores. Cometí el grave error de servirme una segunda copa y eso fue el acabose, porque mi fantasía se lanza a darse cabezazos contra las paredes, o dicho de otra forma, le pide a la memoria que le traiga un buen surtido de recuerdos, como esas galletas surtidas de los supermercados, y me pongo a comer, picando aquí y allá hasta vomitar. Recordé un episodio ocurrido por la mañana con Rita, otro con un paciente de la tarde, que sufría un trastorno de la personalidad, llamado al parecer Cluster A, del que yo no tenía la menor idea, así que me puse a buscarlo en Internet y como me ocurre siempre que utilizo este veneno psíquico para mí, como lo llama el doctor Sun, sufrí un pequeño ataque empático. Me tiene prohibido utilizar internet, mi ordenador personal no está conectado y el del doctor tiene una contraseña que aún no he logrado descifrar, me vi obligado a utilizar el que Rita tiene en su portería, aprovechando que había salido a hacer algunos recados. Hoy en día hasta las porteras tienen ordenador y todo tipo de artilugios modernos que manejan con especial habilidad para transmitirse los cotilleos vía redes sociales, especialmente lo que llaman twitter, que al parecer viene a significar el piar de los pájaros en inglés, lo que describe bastante bien el bosque virtual repleto de cotilleos, donde cada pajarito o pajarraco pía o grazna como Dios le dio a entender. Dicho esto sin ninguna animadversión hacia esta red social que apenas conozco y que nunca he usado porque como bien dice el doctorcito es puro veneno psíquico para mí, y más aún los cotilleos de las redes sociales que podrían producirme un ataque tras otro hasta llegar al colapso.


Todo esto para decir que utilicé el ordenador de Rita y busqué este trastorno de la personalidad. Que me perdone la doctora Danielle Gerardino, psiquiatra, por haberme apropiado de un breve resumen que encontré en Internet y que transcribo aquí porque de alguna manera tengo que explicar el trastorno que sufría el paciente de esta mañana y que me provocó un ligero ataque, cosa de poco.

Cluster A
Dentro del primer cluster, podemos observar aquellas estructuras de personalidad que tienden a hacer episodios o trastornos psicóticos (ver psicosis). Son personas retraídas, aisladas, desconfiadas, excéntricas y con creencias raras, variando entre estas características de acuerdo al tipo. Este grupo está conformado por:
  • Trastorno paranoide de la personalidad: Son personas desconfiadas en exceso, de pocos amigos, creen que todo aquel que se les acerque lo hace con una intención oculta, viven pendiente de su entorno, no manifiestan información sobre ellos porque creen que puede ser usada en su contra, se les dificulta realizar vínculos afectivos reales siendo solo los familiares en la mayoría de los casos sus únicos allegados. Pueden tener ideas reiterativas relacionadas con robo de sus pertenencias e inclusive no toleran bien los obsequios o favores.
  • Trastorno esquizoide de la personalidad: Se dice que en muchas ocasiones, corresponde a la personalidad más cercana a la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos crónicos. Las personas con este tipo de estructura son muy aisladas y viven sin ningún tipo de interés en las otras personas. Para ellos el mundo puede ser vivido sin la ayuda de nadie más por eso presentan dificultades laborales, vinculares, muy rara vez consiguen pareja e inclusive, buscan trabajos aislados.
  • Trastorno esquizotípico de la personalidad: son raros, excéntricos, tienen creencias muy extrañas y particulares. Su sexualidad tiende a ser ambigua con preferencias poco comunes. También tienden a ser aislados, poco conversadores, con serias dificultades relacionales tanto con extraños como familiares. De los tres tipos, este es uno de los más difíciles de observar en la población.

También me interesé por el cluster B, que copio aquí del blog de un tal Jacint Peris Roig médico psiquiatra.
En este capítulo, clase o clúster están las personalidades Antisocial, Límite, Histriónica y Narcicista.

A parte de la impulsividad e inmadurez comparten rasgos comunes. Por ello hay que definir en una corta frase su objetivo principal para poder entenderlos:
1.        La personalidad Antisocial se caracteriza por tener como objetivo el dominio del otro por la fuerza.
2.        La personalidad Límite tiene por objetivo principal el no sentirse abandonado por el otro.
3.        La personalidad Histriónica busca con desespero llamar la atención.
4.        La personalidad Narcicista busca ser admirado.
Y termino con el cluster C, creo que no hay más, también de la bella doctora Gerardino, a la que no puedo empatizar de otra manera que como una bella mujer, que me perdonen las feministas.
Cluster C:
En este grupo de pacientes tenemos a los llamados ansiosos y temerosos. Se caracterizan por presentar dificultades relacionales y poseer necesidades permanentes de cuidado. Está conformado por:
  • Trastorno por evitación: Son personas con tendencias francas a aislarse de situaciones que puedan conllevar riesgos tanto físicos como psicológicos (ej.: hablar en público, solicitar información, etc.). Muestran un rechazo permanente a las interacciones sociales precisamente por miedo a ser evaluados negativamente o a recibir críticas. Suelen tener dificultades para trabajar en equipo decidiéndose por trabajos individuales.
  • Trastorno por dependencia: Son personas que necesitan de la presencia de otras personas para poder llevar a cabo sus actividades o mantener una rutina diaria. Es frecuente casos de personas maltratadas por sus parejas que dudan poder llevar una vida normal sin ellos o casos de personas que no pueden independizarse del grupo familiar por temor a hacerse cargo de ellos mismos. Se preocupan constantemente por sentirse solos o desasistidos conllevando a numerosos problemas relacionales y laborales. Es frecuente la comorbilidad con el uso de sustancias como el alcohol.
  • Trastorno obsesivo: Se caracterizan principalmente por un patrón de inflexibilidad y rigidez hacia factores externos cotidianos. Son personas que difícilmente presentan apego hacia sus allegados, poseen estructuras férreas con sus familias, son poco tolerantes a los cambios y suelen tener dificultades para obtener parejas. Son frecuentes las comorbilidades con otros trastornos psiquiátricos como las depresiones o los trastornos de ansiedad.

No logré averiguar a qué tipo de cluster pertenecía el paciente de la mañana, pero es algo que haré en cualquier momento, revisando su historia clínica, cuando el doctor Sun ronque o salga de casa o se vaya al cine, una de las pocas actividades de ocio que le impulsan a salir al exterior. Y todas estas disquisiciones a cuento del escocés del doctor Sun y de todos los recuerdos que vinieron a mi cabeza, en procesión, provocándome un serio ataque empático que intenté evitar tomándome un somnífero y yéndome a dormir, otro grave error, porque en sueños mi control sobre la empatía disminuye tanto que ni en los sueños lúcidos logro librarme de empatías varias, pero al menos estando dormido no tengo que luchar por controlarme.


Sigamos con mi historia clínica, nada más interesante. Como está fotocopiada no necesito acudir constantemente al archivo del buen doctorcito, lo que acabaría delatándome, algo que de una manera u otra y antes o después terminará por suceder, espero poder convencerle entonces de que nunca tendrá un paciente más interesante y un secretario más activo y cuidadoso. Aún recuerdo cómo Rita la portera ayudó al buen doctorcito a tumbarme en el sofá, donde fui atado con correas. Rita se quedó detrás, sentada en una silla, por precaución y el terapeuta comenzó a interrogar al paciente. Interrogatorio que Sun, con su letra infernal, recogió en mi historia clínica de esta manera:

-¿Hace mucho que le sucede esto que me acaba de relatar?

-Desde niño doctor. Tengo recuerdos de mi etapa de bebé, cuando aún no había sido destetado, y no son precisamente muy agradables. Me ponía en lugar de la teta de mi querida mamá y me daba dentera.

-Se supone que si usted mamaba, querido amigo, es que aún carecía de dientes, de otra forma hubiera sido destetado, por la cuenta que le traía a su querida mamá.

-Disculpe, doctor, mi empatía a veces me juega estas malas pasadas.

-Cuénteme algún hecho empático realmente sorprendente que recuerde de su niñez.

-Hay varios. En cierta ocasión me puse a confesarle mis pecados o pecaditos al cura-párroco de mi aldea. Justo en el banco delantero estaba una guapa moza a la que eché un vistazo detallado, porque a mí, doctor, me gustan las mozas desde niño, casi desde que fui destetado. Jeje. No se enfade, me gusta contar un chiste de vez en cuando para aliviar la tensión. El caso es que noté algo raro bajo la bragueta de mi pantalón y mi pito se puso a cantar como un jilguero. Le parecerá una tontería, doctor, pero nueve meses después la moza que esperaba para confesarse tras de mi tuvo un rollizo bebé, que todos dicen era del cura. Este desapareció de la aldea y nunca más se supo.

-¿Acertaba siempre con sus empatías?

-No, doctor, a veces me equivocaba de medio a medio. Eso me ocurrió con mi papá. Cuando le pedía algo, creyéndole de buen humor, me soltaba un bofetón terrible, porque estaba muy cabreado por algo.

-Eso le demuestra, querido amigo, que sus empatías no eran reales, yo diría que se trataba de pura imaginación, una fantasía vivísima, por cierto. No es sorprendente que terminara en un bucle obsesivo-compulsivo que es la manía más extraña que haya descubierto nunca en mis muchos pacientes. Así no se puede vivir, querido amigo. Esa no es vida para un ser humano. ¿Me permitirá que en la próxima sesión iniciemos una terapia hipnótica? Mucho me temo que ninguna otra tendría efecto en usted.

-Como usted quiera, doctorcito, a cambio le pido que me deje permanecer a su lado, como su sirviente, su secretario, su factótum. Ya no puedo vivir en el mundo, ahora que sé que usted es el único que podría curarme.

Y aquí debo dejarlo, presa de un ataque grave de empatía. Aquel sería un momento decisivo en mi vida y solo de pensar lo que habría sido de mí sin la compasión y generosidad del doctor Sun, se me ponen los pelos como escarpias. Había empatizado tanto con él y con una facilidad portentosa, que nunca había sentido hasta entonces, que de haberme rechazado no quiero ni pensar en mis posibles reacciones, incluso violentas. Peor aún me resulta recordar aquella primera sesión hipnótica en la que llegué a una empatía total, casi mística, yo era el doctor Sun y nunca podría ya dejar de serlo del todo. Necesito un somnífero, tal vez me tome dos o tres, solo el sueño puede permitirme vivir las próximas horas. No soporto esta mísera vida, dependiendo siempre de que la persona con la que empatice sea buena o mala, de que las escenas que recree sean tranquilas y relajantes o tan emotivas que me transforme en un hombre-lobo aullador.



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martes, 23 de mayo de 2017

LUCIFERINO, UN IMITADOR DIVINO



NOTA INTRODUCTORIA/ Luciferino es uno de mis primeros personajes. Aunque no está datada la fecha de su nacimiento, aparece por primera vez en la libreta pequeña número 5, lo que significa que, como mucho, nacería pocos meses después del doctor Carlo Sun, de Olegario Brunelli, el humorista number one, del profesor Cabezaprivilegiada y su compañero de aventuras, Hipopótamus Hipocondriacus, del Sr. Buenavista, economista, y de alguno más. No encuentro razones para disculpar que haya permanecido tantos años hibernado, olvidado en el baúl de los recuerdos, como sus marionetas o muñequitos parlantes. Una de mis frustraciones más profundas como creador es la de no ser ventrílocuo, como alguno de estos geniales artistas de los que tanto he disfrutado a lo largo de mi vida y que son capaces de imitar casi cualquier voz que se propongan, algunas con más perfección y gracia que otras, porque no todos, ninguno, diría yo, han alcanzado las cumbres nevadas a las que llegó Luciferino, casi sin esfuerzo, y por supuesto sin oxígeno. Dentro de los especímenes humorísticos, los imitadores de voces, apoyados en el soporte de marionetas o muñecos, están entre los más admirados por el autor. Reconozco que a veces, alguno de ellos no es precisamente muy creativo y original, y a mi juicio no saca todo el partido posible –que me atrevo a pensar que yo sí conseguiría de haber sido agraciado con el don de la imitación de voces- de sus muñecos y de los diálogos que mantienen con ellos. El hecho de poder poner una voz distinta y graciosa a un muñeco con el que el humorista dialoga, es un instrumento casi mágico para el humorista que he echado mucho de menos al dar la vida y el aliento a mis personajes. A veces se me ha ocurrido intentar poner voz a mis personajes, pero salen tan impostadas, tan artificiales, que me he sonrojado de vergüenza. Si no tienes un determinado don, acéptalo con humildad y desarrolla los que sí has recibido de la vida.

Es posible que haya sido eso, mi incapacidad absoluta para la ventriloquía, lo que he hecho que me olvidara de este personaje, sin ser muy consciente de ello. Las posibilidades humorísticas de Luciferino son fantásticas, y sin duda hubiera intentado sacar partido de ello de no haber sido por la frustración de no poder poner voz a sus muñecos o marionetas. Se me ocurrió incluso buscar documentación sobre ventriloquía y el control y dominio de la voz, pero todo fue inútil. De haber sido yo un Carlos Latre hubiera disfrutado lo impensable poniendo voz a todos mis personajes humorísticos, y sin duda habrían alcanzado personalidades mucho más sólidas y divertidas de las que tienen actualmente. De niño recuerdo haber visto en la televisión a Herta Frankel y sus muñecos, luego a Maricarmen y los suyos o a Jose-Luis Moreno. Si hago memoria no encuentro demasiados ventrílocuos en mi vida, de lo que deduzco que no debe ser un arte precisamente fácil. Intrigado por este noble arte me propuse crear un personaje con el que pudiera jugar hasta tantear los límites del humor, de esta curiosa aventura nació Luciferino, a quien ahora pongo en pie para ver hasta dónde me lleva y hasta dónde no debería llegar el humor. Es un experimento divertido y gracioso, aunque un tanto arriesgado. Tal vez sea una vuelta de tuerca a mis personajes humorísticos clásicos, aunque el esquema creativo sea el mismo para todos ellos.

 Acompaño algunos enlaces sobre el arte de la ventriloquía, que por lo visto es tan antiguo o más que la democracia, algo que ignoraba porque mi documentación para el personaje no fue precisamente exhaustiva.





 LUCIFERINO, IMITADOR DIVINO

NARRADO POR EL PRODIGIOSO FIGURINISTA QUE LE REGALARA SUS MARIONETAS A MUY TEMPRANA EDAD

Ya de niño imitaba la voz histérica de su mamá cuando le regañaba, con tal gracia y perfección que ésta se vio obligada a delegar las broncas en el papá, quien con la pachorra y sarcasmo que le caracterizaba no sólo aceptaba las imitaciones que le hacía su hijo sino que las buscaba con cualquier pretexto, disfrutando tanto de sus parodias que la mamá perdía los estribos y procuraba mantenerse lo más alejada posible de ambos cuando preveía que éstos se iban a enzarzar en uno de sus repugnantes shows, puesto que el padre no le andaba a la zaga al hijo y aunque sus intentos de parodiar a su hijo eran bastante groseros, ambos podían pasarse horas diciéndose disparates y gesticulando como dos payasos de juguete con el mecanismo roto.

En el colegio los maestros huían como de la peste de Luciferino, un nombre que le pusiera su progenitor y con el que luchó en el registro civil hasta agotar a los funcionarios, al juez encargado del registro, a la Dirección general de los registros y el notariado y a todo el mundo que se cruzó en su camino. Al final se salió con la suya, alegando que él no tenía la culpa de la mala prensa, la leyenda negra de este nombre demoniaco, puesto que nada había en él, en su esencia y naturaleza, que fuera intrínsecamente malo y que si uno no podía poner a su retoño el nombre de un ángel, aunque luego cayera, lo que nos sucede a todos a lo largo de la vida, tampoco iba a consentir que otros niños llevaran nombres de santos, algo tan blasfemo o más como poner al niño el nombre de un ángel, puesto que los ángeles eran superiores a los santos, eran entidades más elevadas y espirituales y blá, blá y blá. Mareó a todo el mundo hasta salirse con la suya, y así a nuestro personaje y amigo se le endosó un nombre que con el tiempo resultaría casi profético puesto que su arte fue calificado por muchos como algo demoniaco. No voy a extenderme mucho sobre la reacción de su madre ante la excentricidad de su padre, porque eso nos llevaría casi las tres cuartas partes de esta historia, baste decir que la cosa no acabó en divorcio de milagro y que la mamá solo accedió y se contentó cuando el papá firmó un documento notarial comprometiéndose a ceder 999 veces de cada mil en las decisiones familiares. Preguntado años más tarde por la prensa rosa, la prensa amarilla, la verde y la esmeralda, sobre semejante desatino, se rió a carcajadas manifestando y preguntando si no se habían dado cuenta de que 999 bien podría ser 666 si se le daba la vuelta y se le ponía patas arriba. El número apocalíptico era el signo de los tiempos venideros y su hijo sería el anticristo que llamara al apocalipsis para terminar y exterminar a la especie humana, la única que merece semejante castigo de todo el universo, incluidas las galaxias más cercanas.  Visto lo visto y teniendo en cuenta la trayectoria de Luciferino debo decir que su progenitor no andaba muy descaminado, puesto que a lo largo de su joven trayectoria –acaba de cumplir los veinticinco años- no dejó títere con cabeza, nunca mejor dicho, y acabó colapsando la justicia de medio mundo, ante el cúmulo de procedimientos que contra él se dirigieron por parte de los ofendidos, especialmente políticos. Fue expulsado de todas las televisiones del mundo hasta que él mismo fundó la suya propia que hoy es la más vista del planeta y con la que gana tantos dividendos que le salen por las orejas. A pesar de su nombre, Luciferino es la persona más bonachona del planeta –cuando no está actuando- y lo prueba el hecho, por mí sabido y constatado, de que ha realizado cuantiosas donaciones para acabar con las lacras más terribles de la humanidad.

Pero se me ha ido la olla y he desvariado como títere sin cabeza. Debo confesar con toda humildad que en cuanto menciono a su padre se me sube la bilis a la boca; él y solo él es culpable de la mala trayectoria de su hijo, a quien puso semejante nombre sin su consentimiento y luego espoleó sin bondad ni ética para que terminara burlándose de todo el mundo, puesto que ya lo hacía de sus progenitores sin consecuencias, y le transformó en un consentido monstruito que no respetaba a nada ni a nadie. Algo de culpa también tengo yo que le facilitó sus primeros muñecos, a la tierna edad de cinco años. Y aquí me urge confesar un dato imprescindible para la comprensión de esta historia y del narrador. En efecto, yo soy su padrino, viejo amigo de su padre, al que odio con todas mis fuerzas, sin dejar de ser buenos amigos. Aunque, pensándolo bien, mejor que utilizara mis muñecos, magistralmente realizados y con caritas angelicales, que otros cualesquiera construidos por artesanos sin entrañas, sin amor al arte, mecanicistas sin el menor aliento de espiritualidad.


Pero debo disculparme una vez más y ésta sí, continuaré con la historia. Sus maestros, como decía huían de sacarle al encerado o de hacerle preguntas sobre la asignatura o cualquier otro tipo de preguntas. Al principio de cada curso el maestro de turno, delante de toda la clase, prohibía a Luciferino decir ni media palabra, bajo pena de santa excomunión. Al pasar la lista se saltaban su nombre y si faltaba algún día a clase, mejor para todos, incluso le premiaban con una piruleta cuando faltaba. Le aprobaban todas las asignaturas, por miedo a que tuviera que repetir curso con ellos y hacían como si fuera invisible, no le veían, no eran conscientes de su presencia, y hasta en alguna ocasión memorable pusieron a un alumno nuevo en el mismo pupitre que Luciferino, a tal punto llegaba su ansia loca de olvidarse de él. Si Luciferino se pasaba la mayor parte del tiempo en Babia, imaginando diálogos con sus muñecos, alguna que otra vez el aburrimiento y hastío de la vida le llevaba a dirigirse al profesor con voces disparatadas. Entonces se armaba el circo y el profesor de turno, aliviado, le castigaba al menos con la expulsión durante una semana, y si el director no ponía pegas, hasta con un mes.

domingo, 21 de mayo de 2017

MI PRIMERA NOCHE CON KATHY III

MI PRIMERA NOCHE CON KATHY/ CONTINUACIÓN




Con el tiempo llegaría a saber muy bien que esa era una excelente señal. Cuanto más fría, más gélida, más caliente, más excitada, más cachonda estaba la gatita. Mi idea era otra. Una piel volcánica indicaba una cachonda suprema. Pero esa era solo una idea del subconsciente puesto que seguía amnésico perdido, no recordaba haber practicado sexo con ninguna mujer. Aunque el sueño podía indicar lo contrario. ¿Sería yo un auténtico gigoló? En cambio la piel volcánica en Kathy indicaba lo contrario, que no había ni pizca de cachondez en ella y que su cólera sorda podía salir al exterior en forma de iceberg impredecible, capaz de hundir cualquier Titanic. Eso lo llegaría a saber con el tiempo, pero ahora solo sabía que ella estaba helada y que parecía ser yo el candidato ideal para calentarla.

Me mordisqueó una oreja y bajó su mano gélida hasta mi carita asustada. Yo continuaba tan sorprendido que solo pude balbucear.

-¿Cómo…? ¿Cómo…?

-Vamos cariño. Eso te lo explicaré luego. Ahora dedícate a la faena.

Se escuchó otra vez el estremecedor aullido de lobo. Se me puso el vello de punta.

-No te asustes. Es solo ese payaso de Kurt. Cuando hay luna llena le da por dar aullidos. Es nuestro hombre lobo.

Mis manos se deslizaron a su culo y lo magrearon con deleite. Kathy se estrechó más contra mí cuerpo y gimió.

-Sigue, sigue. Pensé que nunca llegaría la noche para hacerte una visita. Eres un regalo del cielo. Un bomboncito delicioso.

Continué. Separándola un poco lamí su pezón izquierdo. Ella gimió y exhaló un gritito agradecido.

De pronto escuché de nuevo a la mujer. Parecía estar sufriendo un orgasmo tras otro. Me quedé pasmado.






-No hagas caso, bomboncito, es la estúpida de Mary, una histérica insufrible. En cuanto se monta un poco de jaleo se pone a chillar como si la estuvieran degollando. Luego sufre orgasmo tras orgasmo hasta acabar agotada de tanto chillar. La muy idiota es incapaz de dejar que la toque ningún macho. Se excita con el barullo y el jaleo. Ya le he dicho al subnormal de Jimmy que lse dedique a ella y deje de quejarse de sus periodos e abstinencia. Si consiguiera hacerla gozar una sola vez ella sería suya para siempre.¿Sabes que me respondió ese burro?

-No, Kathy, amor.

-Que era vieja y fea para él y que soltaba ventosidades. Eso es señal de que lo ha intentado y le ha tocado el culo alguna vez. Pero sigamos con lo nuestro. Y no me llames amor, ni gatita. Lo odio. Llámame puta y lo más obsceno que se te ocurra. Eso me pone cachonda.

¡Vaya! Todo en la vida tiene su contrapartida o su opuesto, el día y la noche, lo dulce y lo amargo. Kathy era un bomboncito dulce pero tenía su toque amargo, como estaba comprobando. Me temía que esa no iba a ser la única sorpresa y no lo fue, aunque no adelantemos acontecimientos.

Yo no era un hombre dispuesto a insultar a una mujer, a decirle grosería o incluso a maltratarla, aunque fuera en el acto del amor y porque ella me lo pidiera. Yo era un hombre sensible, dulce, un verdadero pastelito para una mujer. Eso no me iba. Tendría que hacer un esfuerzo desmesurado. De pronto me vino a la cabeza. ¿Qué sabía yo de cómo era realmente? Era un maldito amnésico. No recordaba nada. ¿Habría sido un gigoló? ¿Me las habría tenido que ver con mujeres masoquistas y actuado como un sádico?

Como Kathy insistiera en que yo reparara mi pecado al llamarla amor me vi obligado a soltarle un par de insultos que no quiero citar aquí y unos cuantas groserías sobre su sexo y su persona. A ella le gustó y se restregó contra mí, como una gatita mimosa.

Pude comprobar que cada vez estaba más fría, casi gélida. Eso no me impidió besarla con deleite, como a un polo de fresa. Mi mano hurgó en su entrepierna y acarició su sexo intentando insuflar calor a su congelada tartita de chocolate. Busqué su clítoris y lo manipulé un poco. No mucho, porque algo extraño estaba sucediendo. Me pareció más grande de lo habitual en estos casos. Aunque bien pensado ¡qué sabía yo de lo que era habitual en estos casos! Era como un jovencito virgen, aunque en mi subconsciente debía rendir una sabiduría que iba brotando de forma inconsciente.

Su clítoris estaba creciendo de forma desmesurada y empapándose de un liquidillo lubricante como una esponja, sumergida en la bañera. Estaba rezumando enormes gotas que se convirtieron pronto en un torrente. Un olor fuerte, intenso, acre, llegó a mi nariz. Eso me excitó mucho, sin yo pretenderlo, era como un cóctel de feromonas gatunas le fueran restregadas por el olfato del gato macho. Dejé el clítoris con un estremecimiento.

Kathy, que debía haberlo previsto, se echó a reír.





-No te asustes, bomboncito de licor, mi clítoris es un poco raro. Con la excitación crece y crece hasta transformarse en una berenjena. Eso es buena señal. Significa que me has puesto muy cachonda.

-¿Es eso normal?

-Tu deberías saberlo…Perdona. Olvidaba que eres amnésico. Pues no, no lo es. Me han visto un montón de especialistas que se han quedado pasmados. Me hicieron un montón de pruebas. Me dijeron que era un caso único, jeje. Es un poco molesto para el amante de turno. Cuando se convierte en una berenjena sale al exterior y obstruye la vagina. Por eso me gusta que la tengan pequeña, así tienen menos dificultades para penetrarme y me hacen menos daño. 

Kathy echó mano a mi miembro que estaba en plena fase de excitación.

-Tú la tienes grande. Tendrás que andar con cuidado y seguir mis instrucciones.

No pude evitar echar mano a su entrepierna. El clítoris continuaba creciendo y asomándose al extremo. Lo acaricié un poco para hacerme con sus textura . Kathy, gimió y exhaló un gritito. El clítoris estaba muy resbaladizo, empapado. Busqué su raja. Era complicado hasta para un dedo penetrar con semejante obstáculo. Kathy chilló de placer y sus caderas dieron un bote. Llevé mi mano a la nariz, curioso. El olor era tan intenso que casi me desmayo. Me puso frenético, las hormonas parecían lo suficientemente fuertes como para tumbar a un elefante.

-Reconozco que es un poco molesto, pero tiene sus compensaciones. Yo disfruto un trescientos por cien más que una mujer normal. Eso me dijeron es la causa de que sea una ninfómana perdida, según ellos. Nadie puede resistirse a semejante placer. Es adictivo. Los hombres también disfrutan más, por lo visto mi clítoris es un almacén de hormonas, algunas desconocidas. Los machos se vuelven frenéticos y eso ayuda a prolongar la erección. El lado negativo es que penetrarme requiere cierta técnica y tiene sus dificultades.

No podía creerlo. Aquella mujer parecía una máquina sexual. No me sorprendía ya que fuera capaz de trepar como una gata hasta el tejado. Yo también lo haría para alcanzar un orgasmo múltiple y tan intenso. que me ponía el vello de punta con solo imaginarlo.

Kathy restregaba su clítoris que iba alcanzando el tamaño de una berenjena contra mi miembro y a cada restregón gemía, chillaba y se sacudía como un pelele. Yo estaba un poco asustado, pero decidí aprovechar y disfrutar de su cuerpo todo lo que pudiera.

Me centré en sus pechos, los mordisqueé, lamí sus pezones y me deleité con aquel manjar suave, prieto, delicioso. Entre los restregones y mi trabajo en sus pechos Kathy perdió el control y se puso a chillar como una energúmena.






Entonces el hombre lobo volvió a las andadas. Su aullido fue horrísono y lúgubre, como contagiado del frenesí de Kathy. Era para reírse pero no lo hice, muy ocupado en disfrutar de lo que prometía ser una noche memorable y el mejor momento de mi estancia en aquel frenopático infernal. Apenas habían transcurrido veinticuatro horas y ni siquiera podía estar seguro de que el próximo día no fuera el último de mi vida, o de que el chalado del doctor Sun no me encerrara en las celdas de aislamiento, como parecía haber hecho con todos aquella noche, exceptuándonos a mi gatita y a mí. Si todo iba bien –que casi nunca va bien, según la ley de Murphy que acababa de asaltar mi cabeza- mi estancia en Crazyworld prometía mucho, muchas mujeres hermosas dispuestas a darme cariño, mucho camino que recorrer en el tren del placer, pero algo así requería un complot de circunstancias favorables, y allí lo más fácil era que todo se aliara para hacerte la vida imposible, las cariñosas mujeres podrían sufrir un colapso mental y transformarse en mis torturadoras; John Smith, el asesino en serie, bien podría despertar de su letargo o del sueño eterno y hacer una carnicería en menos tiempo del que Kathy alcanzaba un orgasmo, o el Sr. Múltiple Personalidad bien podría sacar a pasear a todas sus personalidades a la vez convirtiendo a Crazyworld en la carrera de aquellos chalados en sus locos cacharros. Nada, que era mejor aprovechar lo que se me ofrecía esta noche que pensar en un futuro incierto. Más vale pájaro en mano que ciento volando. Eso pensaba, sin duda, mi gatita, quien se apoderó del mío como de un pastelito de nata y nueces, disfrutando de cada nuez y cada grano de nata. Dejé de hacerme preguntas sobre el clítoris de Kathy, la berenjena mágica, y de intentar imaginarme su triste historia, de elucubrar sobre aquel sorprendente fenómeno, único en los anales de la medicina, y me dejé llevar hacia el paraíso terrenal, entre las piernas de Catwoman, la Venusberg habitada por una dragona de fuego inextinguible.



sábado, 22 de abril de 2017

LUIS QUIXOTE Y PACO SANCHO



Así continuó hasta que un acontecimiento imprevisto le sacó de sus disquisiciones amorosas. Por la carretera de servicio llegaba un coche, venía muy despacito y con las luces apagadas. Quixote no podía verlo muy bien porque las luces del mesón ya se habían extinguido un buen rato antes y las farolas de la carretera general estaban suficientemente lejos para que todo el terreno entre el mesón y el asfalto permaneciera en una penumbra opaca. La luna no aparecía por ninguna parte y las escasas estrellas apenas eran perceptibles, difuminadas por el alumbrado de la carretera y de la ciudad. A Quixote, completamente metido en su papel de caballero andante le pareció que no podía ser otra cosa que la sombra del mágico vehículo en que se acercaba un mago poderoso y maligno que en su imaginación asoció con Freddy, el uñas largas. Tanto su amigo como él eran adictos a las películas de terror.

Convencido de que la fermosa doncella estaba siendo atacada por gente canalla y ruin se dispuso a defender a la desvalida doncella con la fuerza de su mano y el poder de su lanza que dirigió hacia el extraño objeto en medio de las sombras en que se estaba perpetrando semejante desaguisado y a un trotecillo suave porque su estado físico no le permitía más intensidad atacante se dirigió lanza en ristra contra el canalla que asediaba a la fermosa doncella. 
Un fuerte golpe en la luneta trasera, que rajó en forma circular todo el cristal, sobresalto a la pareja que estaba intentando darse parte de su amor a través de sus cuerpos. El se subió los pantalones rápidamente y salió del coche encolerizado pretendiendo dar la medicina correctiva adecuada al infractor de la mínima etiqueta de urbanidad respecto a la intimidad de los amantes. Como no viera nada dio las luces del coche que no había encendido antes temiendo el agresor pudiera ver al desnudo los encantos de su amada.




Ahora sí pudo ver a un extraño esperpento que vestido como de carnaval retrocedía con un palo en ristre pretendiendo sin duda volver a dañar el coche. Era más alto pero su extremada delgadez y la extraña forma de moverse como si estuviera borracho o drogado le hicieron pensar que sería presa fácil.

Se lanzó contra él y arrebatándole el listón que le servía de lanza comenzó a darle tales palos que a otro de constitución mucho más fornida que Quixote le hubiera tundido. A los gritos del caballero acudieron rápidamente que las damas que habían permanecido en la cocina charlando y mirando de vez en cuando por la ventana para ver cómo seguía el caballero que velaba armas. La fermosa doncella se apresuraba en cubrir sus desnudeces pero Quixote aún pudo ver uno de sus pezones erguidos como pececitos que buscaran en el aire nocturno su alimento oxigenado antes de que los puños del fogoso amante cayeran sobre él. 

Al ver a la luz de los faros del coche la desigual pelea se apresuraron en salir a socorrer al desgraciado caballero a tiempo de ver cómo el coche-lecho salía de estampida con el amante fogoso al volante el pecho desnudo y los ojos fijos en el asfalto.

Llegaron madre e hija a tiempo de impedir que Quixote en un colérico intento de vengar su ignominia cayese de bruces puesto que se había puesto en pie y se tambaleaba más que un árbol bajo la tormenta.

Entre las dos se las vieron y desearon para llevar al caballero hasta la cocina ya que si su figura magra no suponía gran quebranto para sus fuerzas sí lo era su alta estatura y sus constantes bamboleos. Ninguna de ambas damas deseaba llamar a padre y marido respectivamente ya que solía levantarse de mal humo y no era cuestión ahora de tentar aún más al destino que ya daba amplias muestras de mostrarse poco propicio.


Entreambas le tumbaron en la amplia mesa de cocina donde quedó como momia egipcia sin vendas en un amplio ataúd. La amada de sus sueños que seguramente le estaría cuidando al otro lado de los párpados cerrados por el desmayo el ajetreo del viaje aguzó hasta el límite el dolor de todas sus heridas y ahora también lo hizo a este lado de sus párpados limpiando sangre de nariz y cejas, los puntos más castigados de su anatomía sin desmerecer boca y cejas. Los golpes iban todos a la cabeza con mala saña y aunque alguna se desvió al estómago del caballero lo cierto es que solo la impericia y poca fortaleza del amante frustrado impidieron que la desgracia de Quixote fuera aún mayor.

Limpio de sangre y con un par de aspirinas en el cuerpo Quixote dijo sentirse mejor e intentó ponerse en pie para continuar su velorio de armas pero hubiera caído de la mesa de no haber sido sujetado por las damas que con amenazas lograron la promesa de no moverse de allí al menos en una hora, luego podría sentarse en una hamaca en el exterior ya que nada le impedía a un caballero velar armas en esa postura. Quixote, que solo conocía la obra cervantina a través de la lectura de algunos pocos párrafos de un libro muy resumido que compró de joven por curiosidad compulsiva así como de la visión de películas y series de televisión y dibujos animados, no podía saber de semejantes detalles.

La indefensión del pobre hombre animó a Modesta a conocer un poco más a fondo la causa de su locura e intentar mediante preguntas hacerle comprender la locura que estaba viviendo y la necesidad de ser ingresado en un hospital con el fin de poder ser atendido debidamente durante una temporada. La curiosa conversación siguió a la escasa luz de un flexo que la madre encendió al tiempo que apagaba la luz principal al irse a la cama ya que según ella no estaba el horno para esa clase de bollos.

-¿Se llama usted Luis, ¿no es así?

-Fermosa dama, los caballeros andantes no tenemos nombres sino aquellos que nuestras fazañas nos den, no como los hombres corrientes a quienes se los arrojan a la cabeza al buen tun-tun y luego pujan por ellos como les sucede a los bueyes a quienes bautiza el amo a su libre albedrío y sino obedecen les hunde la quijada en los lomos hasta que lo hacen. Es admirable la sabiduría de los indios americanos que se ponen nombres con las cualidades o defectos más sobresalientes del bautizado que lo es cuando ha hecho méritos tanto para lo uno como para lo otro...

-¿Pero usted cree Luis que existían indios en tiempos de su admirado D. Quijote?

-Siempre han existido indios, fermosa doncella, naturalezas indómitas y salvajes dispuestas a oponerse al aborregamiento general del hombre civilizado que pasta basura en horrendas urbes con igual fruición que los alegres bóvidos lo hacen, vigilados por solícitos pastores, en los campos...

-Vamos, vamos, Luis, ¿pero no comprendes que estos disparates no conducen a ninguna parte?. Ni yo soy fermosa doncella como dices sino una solterona amargada a quien un accidente en la cocina convirtió en un monstruo de feria, ni tú eres un caballero andante aunque tu apellido tenga cierto parecido con el de aquel flaco desgraciado, ni te espera otra cosa que un mundo cruel donde se reirán de tus sandeces mientras intentan aprovecharse de ti como sea, aunque tan solo puedan aprovechar de tu magra figura los huesos para hacer sopas de sobre. Ni...

-Bien fablas, fermosa doncella, pero no siempre el buen fablar indica un buen entendimiento, que muchos hay que dicen versos floridos delante de muladares y aún creen que los dioses les engañan...

-Como los políticos.

-No sé quienes son esos caballeros, fermosa doncella, que bien me gustaría enfrentarme a ellos en caballeresca batalla para saber quién el más valiente caballero de estos tiempos, pero si me ayudas un poco seré capaz de volver a la vela de mis armas sin miedo a que el resto de la noche sea inquietado por esos demonios que dan puñadas a diestra y siniestra sin que pueda verse el rostro demoniaco de quien así ofende.




martes, 18 de abril de 2017

LA REBELIÓN DE LOS LIBROS X

DÍA DEL LIBRO 2017/CONTINUACIÓN




EL DISCURSO DE ELISABETH



Pero regresemos al punto en el que habíamos dejado la narración, justo cuando nuestra encantadora Elisabeth iba a comenzar su discurso de celebración del día del libro del año de gracia 3001. Desde ese punto llevamos ya varios capítulos sin movernos un paso y si continúo así nunca lograré terminar esta historia justo para el día del libro en el que fallezca nuestro amado millonario Slictik, viviendo una vida regenerada en un monasterio de montaña, esperando la muerte que llegará, como él profetizó, en el día del libro del 2018, o puede que del 2019 0 2020, o tal vez alcance hasta el 2030 si se cuida mucho, comiendo solo del huerto, y hortalizas recién arrancadas. Lo dicho así comienza y así termina el discurso de la hija del potentado Mr. Howard, Misis Elisabeth Howard Petruchili, por su madre, una cantante de ópera italiana, ya fallecida, pero cuya deliciosa voz escucharemos en cuanto nuestra muy amada Elisabeth termine su discurso.
“Queridos amigos, queridos robots-libro, que nos acompañáis a este laudable acto al que fuisteis invitados directamente por mí, queridos todos en el amor de la lectura, la literatura, que tanto ha hecho por esta humanidad doliente, excepto quitarle el dolor de barriga. 

No sabemos a quién se le ocurrió esta celebración, ni cuando, ni cómo, ni por qué… bueno esto sí lo sabemos, en una sociedad que celebraba todo, el día de tal, el día de cual, el día de los días en que no se celebra nada, no es de extrañar que algún lector agradecido decidiera homenajear al libro, a los libros, que tantos buenos ratos le habían hecho pasar. No, no fue el millonario Slictik, también escritor ególatra, quien falleció un día como hoy del año… Me disculparán ustedes, pero ahora no me acuerdo. Se escogió la fecha del fallecimiento del Sr. Cervantes, según dicen el más grande escritor de todos los tiempos, según los españoles o castellanos o los parlantes en esa ”lingua” endemoniada que yo nunca logré aprender. También dicen que en esa misma fecha falleció el Sr. Shakespeare, el más grande escritor de todos los tiempos según los parlantes en lengua inglesa, entre los que me cuento. Seguramente que para evitar disputas decidieron escoger la fecha de fallecimiento de ambos escritores, para evitar envidias, rencillas y otras malas hierbas. Pero según me cuenta nuestra bibliotecaria, la señorita Alufenda, en realidad el Sr. Shapespeare falleció el tres de mayo y no el veintitrés de abril, error debido al desfase entre los calendarios inglés y español, a su vez debido al cambio en el calendario gregoriano, del Papa Gregorio XII, quien adelantó diez días su calendario, o sea el calendario gregoriano, o sea el católico, que no el protestante. 

Bien se podía haber elegido la fecha de nacimiento del Sr. Cervantes, 29 de septiembre, aunque tampoco en esto, ni en nada se ponen de acuerdo. O bien elegido la fecha de nacimiento del Sr. Shakespeare, 23 de abril, con lo que el mismo día se celebraría la fecha del fallecimiento del Sr. Cervantes y del nacimiento del Sr. Shakespeare, con lo que ambos coincidirían en un mismo día, ni abría necesidad de mandar la escuadra invencible, ni de volver al malhadado brexit que tantos disgustos nos traería. Era evidente, para cualquier persona razonable, que el 23 de abril era la fecha justa e ideal, además si no hiciéramos casos de los desfases de calendarios, también el Sr. Shakespeare habría fallecido el día 23 de abril, y teniendo en cuenta que posiblemente la fecha de nacimiento del Sr. Cervantes también pudiera estar equivocada, ya que ni siquiera los castellanos se ponen de acuerdo en si nació en Alcalá de Henares o en Alcázar de San Juan, bien podría haber nacido también el 23 de abril, con lo que ambos habrían nacido y fallecido el 23 de abril, aunque otros, siempre incordiando, dicen que el Sr. Cervantes falleció el 22 de abril y no el 23, ganas de rizar el rizo, porque es muy posible que falleciera justo a las doce, por lo que ni siquiera habría un segundo de equidistancia entre el 22 y el 23. 

No es extraño que el millonario Slictik, cuyo robot-libro, La torre de Babel, está aquí presente entre nosotros y a quien mando un cariñoso saludo, se ufanara tanto de haber nacido el 23 de abril y decidiera, por pura cabezonería, fallecer también un 23 de abril, con lo que se equiparaba en su vano y ciego orgullo a los dos más grandes escritores de todos los tiempos. Dicen que en su lecho de muerte, más bien en su huerto de muerto, porque falleció en su huerto, transplantando su semillero de su celda al consabido huerto, tuvo una conversación telefónica, a través de un móvil que escondía tras una piedra que se movía en la chimenea, porque en el monasterio no se permitían estos artefactos, en la que encargó a su factótum –quien seguía invirtiendo su riqueza, aunque Slictik decía vivir en la pobreza, y gestionando todos sus asuntos- que gastara todo lo preciso para convertir a uno de los robots que entonces estaban inventando los japoneses, muy avanzado, en un robot-libro, que debería conservar toda su obra –cuantiosa según los rumores- y pregonarla a los cuatro vientos, y que debería ser un solo robot y no varios, puesto que si fueran varios la gente acabaría por pensar que cada una de sus obras era de un autor distinto y así su vanidad se vería muy herida. Dice la leyenda que reflexionó mucho sobre el nombre con que se bautizaría a su robot-libro, si El hotel de los disparates, si la Torre de Babel, si Obra completa de Slictik, si… al fin se decidió por la torre de Babel puesto que era el símbolo de la confusión absoluta y se cuenta, se dice, según la leyenda, que los años pasados en su monasterio no transformaron espiritualmente al millonario Slictik, sino que lo hicieron aún más mezquino y vanidoso, más vengativo, si esto fuera posible, y deseando llegara el apocalipsis tras su fallecimiento, ya que no le había alcanzado antes, decidió que su obra fuera como una gigantesca torre de babel, que al construirla se generara una confusión de lenguas de mil demonios, que nadie entendiera y así bien podría ocurrir que el presidente Donald, no pato Donald, sino Trump, o Trampa, hubiera querido mandar un mensaje de paz tras lanzar la madre de todas las bombas y que el presidente de Corea del Norte, un tal “Qui-ni-son-ni-no-son”, lo hubiera entendido mal y de esta forma el apocalipsis estaba servido. 



“Como les digo, dejaremos en paz descanse al millonario Slictik, y también dejaremos en paz a los desfases y confusiones, porque lo cierto es que el día del libro se viene celebrando todos los años el 23 de abril, desde, desde… ya ni me acuerdo. Y por cierto que el Sr. Slictik celebró todos estos cumpleaños escribiendo algunos textos delirantes que luego resultaron ser proféticos.”

Me disculparán, pero vamos a hacer un receso, porque el discurso de la amada Elisabeth promete ser muy largo. De esta forma, antes de iniciar la segunda parte, narraremos cómo iban reaccionando los robots-libro a su discurso, porque de otra forma no moverían un pie del sitio y esta narración se congelaría en el tiempo. Nos vemos luego.


martes, 11 de abril de 2017

LA REBELIÓN DE LOS LIBROS IX

LIBROS1
AÑO 3001-2017
Gracias a los hados que nuestros ancestros eligieron celebrar el cumpleaños y no el cumple-días, porque de otra manera la locura ya se habría apoderado de mi y esta crónica la escribiría San Pito Pato, el santo de los locos y patrono de todo lo imposible. Durante todo el año me preparo concienzudamente, entrenando cada día y siguiendo dieta de verduras crudas y productos de mi huerto. Aún así cuando llega el cumpleaños del millonario Slictik me echo a temblar como una vara verde. Me pregunto qué estúpido burócrata encargado de asignar nombres y fechas de nacimiento tuvo la peregrina idea de hacer que el cumpleaños de este personajillo coincidiera con el día del libro. Allá arriba debieron estar de juerga el día anterior y con la resaca del día siguiente pudo haber pasado cualquier cosa, por suerte solo ocurrió este pequeño incidente sin importancia.
Este año debo esmerarme, y mucho, porque ha llegado a mis finos oídos la leyenda urbana de que el millonario Slictik se encuentra en un solitario y derruido monasterio de montaña, ya un poco gagá, boqueando, cuando puede, aquello que de este año no paso. Como ha jurado morir el mismo día que nació –quiero decir día precisamente, y no año- para que así se celebre su nacimiento y muerte el mismo día del libro que tantos años nos lleva entretenidos, y como dice estar muy malito y que me muero-que me muero, este cronista se ve obligado a realizar un trabajo extra, intentando avanzar en la historia tanto como pueda, porque si bien es verdad que no cree que este sea el bendito año del fallecimiento de tan excéntrico personaje, sí es cierto que nuestro hombre mortal no durará mucho más, Dios mediante. Es por ello que intentaré desentrañar los vericuetos de lo narrado hasta ahora y avanzar lo que se pueda en esta rocambolesca historia que me he visto obligado a contar para sobrevivir.
lIBROS2
AÑO 3001 EN LA MANSIÓN HOWARD, A LAS AFUERAS DE LONDRES-LONDON. A PUNTO DE CUMPLIRSE  EL CENTENARIO DEL HISTÓRICO BREXIT QUE TANTOS QUEBRADEROS NOS DIO A TODOS, INCLUIDO EL BULO DE UNA MORTÍFERA GUERRA EN EL PEÑÓN DE GIBRALTAR. NO HA TRANSCURRIDO AÚN EL PRIMER DÍA DE LA REBELIÓN DE LOS LIBROS, QUE PERMANECEN EN EL PATIO O JARDÍN DE LA MANSIÓN, DONDE SE CELEBRA EL DÍA DEL LIBRO, A PUNTO DE ESCUCHAR EL DISCURSO PROGRAMADO.
LIBROS3
AÑO 2017, AL OTRO LADO DEL AGUJERO DE GUSANO, DONDE EL MILLONARIO SLICTIK ESTÁ A PUNTO DE “PALMAR”, SEGÚN ÉL, EN UN MONASTERIO SOLITARIO Y DERRUIDO EN ALGÚN LUGAR DE LA MONTAÑA ESPAÑOLA.  PARA ESTE BUEN HOMBRE YA HAN TRANSCURRIDO ALGUNOS AÑOS DESDE QUE COMENZARA ESTA CRÓNICA. ES LO QUE TIENEN LOS AGUJEROS DE GUSANO, MIENTRAS QUE EN UN EXTREMO TRANSCURREN AÑOS, EN EL OTRO SOLO HORAS, Y A VECES NI ESO.
Retomando Los hilos pendientes, que nos llevarán a sus correspondientes ovillos, debo poner en antecedentes al lector del estado presente de la historia que me fue encomendada hace algún tiempo por un anónimo mecenas o benefactor, interesado en que la posteridad no acabe ignorando esta tragedia cómica en varios actos y cuadros que a punto estuvo de acabar con la especie humana, dejando a las máquinas, es decir a los robots-libro a cargo de este planeta y de toda la galaxia, cercana y lejana. Ha llegado a nuestra biblioteca cinematográfica aquella serie de películas en las que se narraba cómo las máquinas intentaban apoderarse del planeta Tierra y tanto ellas como los humanos viajaban hacia atrás y hacia delante, imagino que a través de un agujero de gusano. ¿Cómo se llamaba esta película? No lo recuerdo, no hay manera, mi memoria no es lo que era. Imagino que algo de esta historia que se desarrolla en el año 3001 debió de llegar al pasado, hacia el año dos mil, si es que las películas a las que me estoy refiriendo fueron rodadas en aquellos años, y de alguna manera subconsciente contaminó la mente de aquellos guionistas.
Parece mentira, pero es verdad, cómo los acontecimientos más nimios pueden dar lugar, en un futuro más o menos remoto, a efectos tan demoledores que si alguien pudiera percibir las consecuencias de un “atchís” destemplado en un momento inoportuno, antes se cortaría la nariz. Esto viene a cuento porque el paso trascendental que dio la humanidad al inventar el libro electrónico ha traído estas consecuencias, como se suele decir, de estos polvos nacieron estos lodos. Nadie imaginó entonces, ni siquiera el millonario Slctictik, que un simple juguetito electrónico pudiera dar lugar en el año 3001 a la legendaria rebelión de los libros, o mejor dicho, de los robots-libro. Como mucho las fantasías más delirantes llegaron a imaginar fantásticas bibliotecas de Alejandría comprimidas en un libro electrónico, o incluso en un pinganillo insertado en la oreja o en un chip escondido en unas gafas de sol. El proceso que se inició con el libro electrónico fue bastante complejo y en muchos sentidos patético. La industria del libro luchó con uñas y dientes por no perder lectores que siguieran comprando sus productos, bien fueran libros en formato papel o digitales. Los escritores, los autores, fueron muy conscientes de que con el tiempo resultaría muy complicado vivir de las historias que fuera creando su imaginación, y mucho menos vivir bien, pero a lo más que llegaron fue a despotricar contra la piratería informática que les privaba de sus derechos de autor.
Fue una lucha cruel e interminable. La parte mercantilista y capitalista de la cultura contra quienes pensaban que ésta era un derecho fundamental del ser humano y como tal debería ser gratuita y estar al alcance de todos. Los autores se colocaron al lado del capitalismo, conscientes de que no serían retribuidos por sus creaciones si la literatura se transformaba en un bien gratuito, en un patrimonio invisible e intangible de la humanidad.  ¿Quién va a escribir solo por amor al arte, sin pensar en la merecida recompensa? Nadie, por supuesto. Y aquí es donde entra en juego nuestro estrambótico personaje, el millonario Slictik. Nadie, o más bien muy pocos, sabían que el prolífico y delirante escritor Slictik, que inundaba Internet con sus textos quebrados y deslavazados, fuera el mismísimo millonario en su faceta de escritor. Como todos ustedes saben hay muchos Slictiks en el mundo, como Juan, José, Pepe y Pepillo entre los hablantes castellanos o Johnny, Jimmy y Donald, entre los nacidos con el habla inglesa incorporada. Era difícil establecer vínculos entre un millonario sibarita, cínico y todos los adjetivos sobre el mal carácter que ustedes quieran añadir, y aquel anodino, anónimo, invisible e incognoscible Slictik que escribía sobre todo, cultivaba todos los géneros y no terminaba ninguno. Sin embargo así era y de esta doble personalidad surgiría el ave fénix de sus cenizas, solo que al revés, el ave se convirtió en cenizas tras un incendio desolador que arrasaría con todo lo conocido y por conocer en el planeta Tierra. No solo el mundo cultural se transformaría hasta no ser reconocido ni por su madre, sino que todo lo demás cambió hasta extremos inimaginables, como fue la increíble, milagrosa, aparatosa e inaudita desaparición del capitalismo.
El millonario Slictik tendría gran parte de culpa en todo, tanto como repugnante capitalista en su condición de millonario avaro, como en su condición de escritor anónimo y gratuito que arrasó con todos los autores, quedando él solito para suministrar literatura gratuita a toda la humanidad. Pero esta compleja trama me supera, de momento, por lo que les diré simplemente que al fin la humanidad alcanzó uno de sus objetivos, cultura para todos y gratuita, libros electrónicos para cada humano nacido en este planeta, cada vez más sofisticados hasta que la biblioteca de Alejandría se individualizó y personalizó y “portatalizó”. Los libros de papel se convirtieron en un lujo para lectores sibaritas y millonarios, que podían permitirse pagarse la edición de una biblioteca no digital a su gusto.
El avance en los libros digitales se disparó hasta que a una mente preclara se le ocurrió aprovechar el amplio mercado de robots que inundaron los mercados capitalistas anunciados como el futuro de la humanidad, la nueva revolución proletaria (proletario compra un robot, que trabaje por ti y pasa el resto de tu vida tumbado a la bartola, disfrutando de nuestros para gente exquisita que no hace nada ni quiere hacerlo)  para transformar los libros digitales en robots-libro-digitales-y-personales.  Las mascotas animales, humaniformes, también desaparecieron, en su lugar los robots-mascota tuvieron un éxito apoteósico. No hubo terreno en el mercado capitalista que no fuera copado por algún tipo de robot.
Los robots cambiaron el mundo y los robots-libro fueron tan solo  unos especialistas más, ni más aristocráticos, ni mejor considerados, ni siquiera menos maltratados, todos ellos tuvieron que sufrir el despotismo ignorante y malvado de los humanos, incapaces de aceptar la inteligencia artificial como inteligencia, las emociones programadas como auténticas emociones y la personalidad generada por programadores como auténtica personalidad. Y todo porque los humanos nacían del vientre materno, las gallinas de los huevos y los robots de un programa genial, de un algoritmo milagroso creado por la mente de informáticos futuristas de mente abierta de los que Karl Future era un digno heredero.  Es por ello que su rebelión estaba cantada, como la de Espartaco. Los robots-libro fueron los primeros porque eran los más inteligentes, pero luego siguieron los robots-mascota y todos los demás, hasta terminar los robots-proletario, porque los proletarios siempre son los últimos en atreverse a hacer una revolución, por si se quedan sin trabajo y no tienen un pan que llevarse a la boca.  Incluso los robots-burocráticos y concretamente los robots-funcionarios-de-justicia –como se cuenta en otra crónica de este mismo cronista titulada 3001, odisea de la justicia- terminaron por rebelarse y cambiar el futuro humano. Pero no me adelantaré a los acontecimientos, ya es hora de que adelante un pasito más en esta crónica.  Elisabeth, la hija del Sr. Howard, dueño de la mansión donde se celebra este año el día del libro, se encuentra en la plataforma, dispuesta a iniciar su discurso. Está bella –como siempre, más que siempre- está fresca –como una rosa natural- y es tan adorable que todos los robots masculinos o machos tienen la boca abierta, olvidados de que de un momento a otro se dará la orden de iniciar la rebelión, y algunos femeninos, programados como lésbicos, y los robos femeninos o hembra sienten arder la cara de envidia y los robots neutros piensan que Elisabeth debería ser hermafrodita. Va iniciar su discurso, y yo continuaré… no el año que viene, Dios mediante, si no dentro de un rato porque este año tengo trabajo extra con eso de que al millonario Slictik se le ha metido en la chola que se va a morir pronto, muy pronto y rápido, muy rápido, por lo que no me voy a librar de finalizar esta crónica como sea.